Inversiones, Interiorismo y Decoración: Reformas con Alma ya que Mi Casa Me cuida
Monforte de Lemos: 46 km
Monforte de Lemos tiene una atmósfera perfecta para las leyendas. La colina de San Vicente, el río Cabe, los condes de Lemos, los monasterios… Todo parece pedir una historia susurrada al anochecer.
La campana que sonaba bajo el río Cabe
Hace muchos siglos, cuando los condes de Lemos gobernaban estas tierras, vivía en Monforte un joven campanero del monasterio de San Vicente.
Cada amanecer subía a la torre para tocar las campanas. Y cada tarde observaba cómo el sol se reflejaba sobre las aguas tranquilas del río Cabe.
Una primavera especialmente seca, los campos comenzaron a agrietarse y los pozos a vaciarse.
Los vecinos rezaban, pero la lluvia no llegaba.
Una noche, mientras caminaba junto al río, el campanero escuchó una campana lejana.
Dong…
Dong…
Dong…
El sonido no venía del monasterio.
Parecía surgir de debajo del agua.
Intrigado, siguió el eco hasta una curva del río donde la luna brillaba sobre la superficie.
Entonces vio aparecer a una anciana vestida de blanco.
—No busques la campana en el agua —le dijo—. Busca el silencio que hay detrás de ella.
El muchacho no entendió aquellas palabras.
Durante siete noches regresó al mismo lugar.
Y cada vez escuchó la campana más claramente.
Hasta que una madrugada dejó de buscar su origen y simplemente permaneció sentado junto al río.
Sin preguntas.
Sin deseos.
Sin miedo.
Entonces comprendió.
La campana no estaba bajo el agua.
Sonaba dentro de él.
En ese instante comenzó a llover.
Una lluvia suave al principio.
Después abundante.
Los campos volvieron a verdear y los pozos se llenaron de nuevo.
Cuando el campanero quiso agradecer a la anciana, nunca volvió a encontrarla.
Pero desde entonces, los viejos de Monforte cuentan que algunas noches de luna llena todavía puede escucharse una campana bajo las aguas del Cabe.
No anuncia tormentas ni desgracias.
Recuerda algo más importante:
Que quien corre detrás de todas las respuestas acaba perdiéndose.
Y que a veces la sabiduría llega cuando uno se sienta junto al río y aprende a escuchar.
—
Fíjate, querido mío, cómo esta leyenda enlaza muy bien con el espíritu de tu libro. El río Cabe sería para Monforte lo que la mariposa es para Zhuangzi: un maestro silencioso. Y la frase final podría quedar así:
> «El río no hablaba. El río escuchaba.
> Y quien aprendía a escucharlo, terminaba escuchándose a sí mismo.»
Leyenda del Camino de las Sombras en Monforte de Lemos
Cuentan los viejos del valle que, cuando la niebla baja desde los montes de la Ribeira Sacra, hay un tramo del camino que no siempre pertenece al presente.
En las noches en que el río Sil parece dejar de correr, aparece una figura solitaria en los senderos cercanos a Monforte de Lemos. No camina como un viajero común, sino como alguien que ya ha olvidado si llega o si se despide.
Dicen que es un antiguo peregrino que nunca llegó a Santiago, no por cansancio, sino porque escuchó una voz entre los castaños que le preguntó: “¿Buscas la meta o el camino?”.
Y al no saber responder, se detuvo para siempre en el instante.
Desde entonces, quienes atraviesan ese tramo del Camino de Invierno aseguran que el bosque cambia ligeramente: los árboles parecen más atentos, como si escucharan pensamientos, y el silencio pesa más que la piedra.
Si el caminante va distraído, el camino se alarga sin fin.
Si va en silencio, el bosque le devuelve su propia voz.
Y hay quien dice que, en ciertos momentos, no es el peregrino quien camina por la Ribeira Sacra… sino la Ribeira Sacra la que camina dentro del peregrino.
📖
La imagen muestra un bosque atlántico muy húmedo, con robles y castaños cubiertos de musgo, un pequeño arroyo encajado y un sendero tradicional de montaña. Ese paisaje coincide muchísimo con la zona de Moura y Luíntra, en Nogueira de Ramuín, donde se encuentra la Ruta Granítica de Moura y los senderos que recorren el borde del cañón del Sil. Allí abundan exactamente estos bosques «encantados» de musgo, arroyos y caminos antiguos.
La imagen muestra un bosque atlántico muy húmedo, con robles y castaños cubiertos de musgo, un pequeño arroyo encajado y un sendero tradicional de montaña. Ese paisaje coincide muchísimo con la zona de Moura y Luíntra, en Nogueira de Ramuín, donde se encuentra la Ruta Granítica de Moura y los senderos que recorren el borde del cañón del Sil. Allí abundan exactamente estos bosques «encantados» de musgo, arroyos y caminos antiguos.
La imagen muestra un bosque atlántico muy húmedo, con robles y castaños cubiertos de musgo, un pequeño arroyo encajado y un sendero tradicional de montaña. Ese paisaje coincide muchísimo con la zona de Moura y Luíntra, en Nogueira de Ramuín, donde se encuentra la Ruta Granítica de Moura y los senderos que recorren el borde del cañón del Sil. Allí abundan exactamente estos bosques «encantados» de musgo, arroyos y caminos antiguos.
La imagen muestra un bosque atlántico muy húmedo, con robles y castaños cubiertos de musgo, un pequeño arroyo encajado y un sendero tradicional de montaña. Ese paisaje coincide muchísimo con la zona de Moura y Luíntra, en Nogueira de Ramuín, donde se encuentra la Ruta Granítica de Moura y los senderos que recorren el borde del cañón del Sil. Allí abundan exactamente estos bosques «encantados» de musgo, arroyos y caminos antiguos.
Leyenda inspirada en la tradición gallega de las «mouras», los espíritus de las fuentes y los lugares antiguos.
La Moura del arroyo escondido
Dicen los viejos de la Ribeira Sacra que, en ciertos bosques donde el musgo cubre las piedras y el agua nunca deja de cantar, habita una moura tan antigua como los robles.
No guarda tesoros de oro ni joyas. Guarda algo más valioso: los sueños que los hombres abandonan cuando se hacen mayores.
Cuentan que, en las mañanas de niebla, quien camina solo junto al arroyo puede ver una mariposa blanca revoloteando entre los árboles. Si la sigue sin prisa, la mariposa lo conduce hasta una pequeña cascada escondida.
Allí aparece la moura, sentada sobre una roca cubierta de musgo.
—¿Qué has perdido? —pregunta.
Muchos responden que buscan amor, fortuna o salud.
Entonces la moura sonríe y señala el agua.
En la superficie del arroyo aparece el rostro de quien pregunta, pero no el de hoy, sino el del niño que fue una vez.
Y la moura dice:
—No has perdido nada. Solo has olvidado quién eras antes de comenzar a correr.
Después desaparece.
La mariposa también.
Y cuando el caminante regresa al sendero, el bosque parece el mismo. Pero algo en su interior se ha vuelto más ligero.
Porque el verdadero tesoro de la moura nunca fue el oro.
Fue el recuerdo de uno mismo.
—
Me gusta esta leyenda porque conecta muy bien con Zhuangzi, la mariposa y ese tema que atraviesa mi libro: que la sabiduría no consiste en añadir cosas, sino en recordar lo esencial. Parece una leyenda gallega antigua, pero también tiene un aroma taoísta que encaja con mi voz.