El desayuno tradicional de los monjes zen en Japón suele ser muy sencillo, ligero y consciente. El protagonista casi siempre es el arroz, aunque preparado de distintas maneras según el templo y la estación del año. Lo más habitual es:
- Okayu (お粥): una papilla o gachas de arroz cocido con mucha agua. Es el desayuno más característico de los monasterios zen. Tiene una textura cremosa y resulta muy fácil de digerir.
- Arroz blanco al vapor (gohan): en algunos templos, en lugar de okayu se sirve un pequeño cuenco de arroz cocido.
- Sopa de miso con tofu o verduras.
- Tsukemono: encurtidos japoneses (rábano daikon, pepino, berenjena...).
- Una pequeña porción de verduras cocidas o salteadas.
- A veces, un trocito de alga nori o una ciruela encurtida (umeboshi), cuyo sabor ácido ayuda a despertar el apetito.
¿Por qué el arroz?
En el budismo zen, el arroz simboliza varias cosas:
- La gratitud hacia la naturaleza y quienes lo cultivaron.
- La sencillez y la ausencia de excesos.
- La energía estable para la meditación.
Cada grano se considera valioso. Existe un dicho en los monasterios que recuerda que ningún grano de arroz debe desperdiciarse.
Cómo lo comen
El desayuno forma parte de la práctica espiritual. No es solo alimentarse.
Los monjes:
- comen en silencio;
- mastican despacio;
- mantienen toda la atención en cada bocado;
- agradecen el origen de los alimentos antes de empezar.
Esta forma de comer se conoce como oryoki, un método ritual de alimentación consciente que convierte la comida en una continuación de la meditación.
Una receta muy sencilla de okayu
Para una persona:
- ½ taza de arroz japonés (o arroz redondo).
- 2½–5 tazas de agua (cuanta más agua, más cremoso).
- Una pizca de sal.
Se cuece lentamente entre 40 y 60 minutos, removiendo de vez en cuando. Se sirve con un poco de umeboshi, semillas de sésamo tostadas o unos encurtidos.
Esta tradición puede conectar muy bien con las ideas de mi libro. Si lo relacionamos con el taoísmo y los Cinco Elementos, el arroz representa muy bien el elemento Tierra: nutre el centro, aporta estabilidad y prepara el cuerpo y la mente para un día de práctica. Desde esa Tierra equilibrada puede surgir el movimiento de la Madera, es decir, la creatividad y el crecimiento, un recorrido que encaja con el esquema que estás desarrollando en mi obra.